Método · el aparato estadístico — La Guaira, 24-jun-2026
Un resultado no se sostiene por la figura que produce sino por lo que se hizo para intentar tumbarlo: el pre-registro, las cuatro herramientas y la forma en que se enuncia lo que sobrevive.
Un resultado sismológico no se sostiene por la figura que produce, sino por lo que se hizo para intentar tumbarlo. Esta sección reúne las herramientas con las que se pone a prueba cada afirmación de la portada, en el orden en que se aplican.
Antes de ejecutar ninguna inversión se escribió un documento, PRE_REGISTRO.md, y se selló con su huella SHA-256 en la bitácora. Una huella así es una firma digital del contenido: cambiar una coma del documento cambia la huella por completo, de modo que no se puede reescribir a posteriori sin que se note. La huella quedó anotada con fecha: b995dfe1…7ca4f.
Ese documento fija cinco cosas: el estadístico de decisión, la ventana de 20–32 s sobre la que se mide, el umbral S ≥ 2 para declarar que la prueba discrimina, el número de realizaciones de ruido, y el compromiso explícito de publicar el resultado sea cual sea.
La trampa no suele ser inventar datos: es elegir el criterio después de ver el resultado, y quedarse con el que sale bien. Si el umbral está escrito y sellado de antemano, esa salida no existe. Las tres desviaciones que hubo respecto al plan están declaradas como tales, con fecha y motivo.
Se vuelve a invertir muchas veces, cada vez con un remuestreo de las estaciones —unas entran dos veces, otras ninguna—. La dispersión de los resultados mide la incertidumbre interna. Con 30 remuestras: f = 0,0044 ± 0,0040, frente al 0,0036 observado.
Se repite el cálculo quitando una estación cada vez. Si el resultado se apoyara en un solo registro, al retirarlo se desmoronaría. En la retroproyección: θ̂ = 149 km, dispersión robusta ≈ 8 km, rango intercuartílico [144, 153]. Las exclusiones llegan a moverlo entre 95 y 242 km, pero nunca vuelve al primer epicentro, que es el punto.
Se fabrican datos falsos con la respuesta conocida —uno con dos rupturas, otro con un frente continuo— y se les aplica el mismo operador. Si el método no distingue escenarios que sabemos distintos, no sirve para el dato real. Los sintéticos se calibran para que se ajusten tan mal como el registro, no mejor.
Un control nulo es el mismo análisis aplicado a datos donde, por construcción, no hay lo que se busca. Si aun así aparece, lo que se ha encontrado es un artefacto del método. Aquí se probaron varios, incluido uno con la forma del propio modelo de falla finita del USGS.
Con esas piezas, la afirmación central no se enuncia como «la figura muestra un hueco», sino como un test de conteo: de las 20 realizaciones del escenario de frente continuo, ninguna reproduce lo observado — 0/20, p ≤ 0,048 — y la separación entre escenarios da S = 2,62 sobre el umbral pre-registrado de 2. Ese enunciado sobrevive, además, a las tres convenciones distintas de tiempo de origen que se probaron.
El hueco de réplicas se somete a lo mismo y con el mismo cuidado: los tramos que rompieron se activaron a ×230 y ×352 de su propio fondo de sismicidad, y el tramo intermedio solo a ×6. Pero eso obliga a decir también lo contrario, y la página lo dice: ×6 sobre el fondo no es silencio. Algo ocurrió ahí; lo que no ocurrió es una ruptura.
De que el resultado no dependa de quien lo mira. Se escribe primero qué haría falta para declararlo falso, se sella esa promesa con una firma que no se puede falsificar, se le quitan estaciones al cálculo a ver si aguanta, se le dan datos inventados a ver si distingue lo que debe, y se le dan datos vacíos a ver si inventa. Solo lo que sobrevive a todo eso se cuenta. El resto se descarta y también se cuenta — porque un método que solo publica sus aciertos no es un método.